Capítulo II
Los primeros dialécticos
Hoy, más de cien años después de Darwin, en general, se acepta la idea de
que todo cambia. Pero no siempre fue así. La teoría de la evolución y de la
selección natural tuvo que librar una larga y amarga batalla contra los
defensores de la concepción bíblica, que sostenía que todas las especies fueron
creadas por Dios en siete días, y que éstas eran fijas e inmutables. Durante
muchos siglos la Iglesia dominó la ciencia e impuso la idea de que la tierra era
el centro del universo. Aquellos que no estaban de acuerdo eran quemados en
la hoguera.
Incluso hoy en día, la idea del cambio se entiende de una forma superficial
y parcial. Se interpreta la evolución como un cambio lento y gradual que
excluye los saltos repentinos. Se presupone que en la naturaleza no existen las
contradicciones y allí donde surgen, el pensamiento humano las atribuye a un
error subjetivo. Pero las contradicciones abundan en todos los niveles de la
naturaleza y conforman la base del movimiento y el cambio. Los primeros
pensadores sí comprendieron este proceso que ya se puede encontrar en la
filosofía budista. También es el eje central de la antigua noción china del ying y
el yang. En el siglo IV a. C, Hui Shih escribió las siguientes líneas:
“El cielo está al mismo nivel que la tierra; las montañas están al
mismo nivel que los pantanos.
El sol está exactamente en el mediodía; todas las criaturas están
moribundas”.
(G. Thomshon. The First Philosophers. P. 69).
Veamos también los siguientes fragmentos escritos por el fundador de la
filosofía dialéctica griega, Heráclito (544-484 a. C.):
“El fuego vive de la muerte del aire y el aire vive de la muerte del
fuego; El agua vive de la muerte de la tierra y la tierra vive de la muerte
del agua”.
Para nosotros es vivir y morir, dormir y despertar, ser joven y viejo; a
todo cambio le sucede otro”.
“Paramos y no pasamos el mismo río; estamos y no estamos”.
Con Heráclito las contradictorias afirmaciones de los filósofos jonios
adquieren una expresión dialéctica. “Aquí vemos tierra. No hay proposición de
Heráclito que no haya adoptado en mi Lógica” (Hegel. History of Philosophy.
Vol. I. p. 279. En la edición inglesa).
Pese a su importancia sólo han llegado a nosotros 130 fragmentos de la
filosofía de Heráclito, escritos además con un estilo aforístico bastante difíciles
de leer. A Heráclito se le conocía por “el oscuro”, debido a la oscuridad de sus
escritos. Parece que eligiera deliberadamente que su filosofía fuera inaccesible.
Sócrates comentó irónicamente: “en todo lo que comprendía era excelente, en lo
que no creía lo era igualmente, pero el libro requería un nadador resistente”.
(Schwegler, op. cit. p.20).
Engels, en el Anti-Dühring hace la siguiente apreciación de la perspectiva
dialéctica que tiene Heráclito del mundo:
“Cuando sometemos a la consideración del pensamiento la
naturaleza o la historia humana, o nuestra propia actividad espiritual, se
nos ofrece por de pronto la estampa de un infinito entrelazamiento de
conexiones e interacciones, en el cual nada permanece siendo lo que era, ni
como era ni donde era, sino que todo se mueve, se transforma, deviene y
perece. Esta concepción del mundo, primaria e ingenua, pero correcta en
cuanto a la causa, es la de la antigua filosofía griega, y ha sido claramente
formulada por vez primera por Heráclito: todo esto y no es, pues todo
fluye, se encuentra en constante modificación, sumido en constante
devenir y perecer” (Engels. Anti-Dühring; Barcelona. Editorial
Crítica.1977. p. 20).
Heráclito vivió en Efeso, en medio del violento siglo V a. C., un período de
guerra y lucha civil. Se sabe poco de su vida, excepto que procedía de una
familia aristocrática. La naturaleza del período en el que vivió se refleja en uno
de sus fragmentos: “La guerra es el padre de todo y el rey de todas las cosas; a
algunos ha hecho Dioses y a otros hombres; a algunos esclavos y a otros libres”.
(Los fragmentos que aquí se citan proceden de la edición Baywater,
reproducida en Early greek philosophers de Burnet). Heráclito aquí no hace
referencia a la guerra en la sociedad humana, sino al papel de la contradicción
interna en todos los niveles de la naturaleza, por eso la mejor traducción es
“lucha”. Según Heráclito “debemos darnos cuenta que la guerra es común a
todos, la lucha es justicia, que todas las cosas nacen y mueren a través de la
lucha”. Todas las cosas contienen la contradicción que impulsa su desarrollo.
Sin contradicción no existiría movimiento ni vida.
Heráclito fue el primero en plantear la unidad de contrarios. Los
pitagóricos elaboraron una tabla de diez antítesis:
1) Los finito y lo infinito
2) Lo impar y lo par
3) El uno y lo mucho
4) La derecha y la izquierda
5) Lo masculino y lo femenino
6) Lo móvil y lo inmóvil
7) Lo recto y lo tortuoso
8) Luz y oscuridad
9) Bueno y malo
10) El cuadrado y el paralelogramo
Estos conceptos son importantes pero los pitagóricos no los desarrollaron,
se conformaban con su simple enumeración. Los pitagóricos defendían la unión
de contrarios a través de un “significado” y así se eliminaba la contradicción,
buscaban el término medio. Para responder a la interpretación pitagórica
Heráclito utiliza una imagen aún más asombrosa y bella.
“El hombre no sabe lo que concuerda con sí mismo. Es una serie de
armoniosas tensiones contradictorias entre sí, como el arco y la lira. En la
contradicción se encuentra el fundamento de todo. El deseo de eliminar la
contradicción en realidad presupondría la eliminación de todo
movimiento y vida, por eso ‘Homero se equivocó al afirmar: ‘¡Si la lucha
entre dioses y hombres pereciera!’. No comprendía que estaba rezando
por la destrucción del universo; porque si se hubiera escuchado su rezo,
todas las cosas habrían perecido...”.
Estos pensamientos eran profundos pero chocaban con la experiencia
cotidiana y con el “sentido común”. ¿Cómo una cosa puede ser y no ser al
mismo tiempo? ¿Cómo puede una cosa vivir y morir al mismo tiempo?
Heráclito se burlaba de estos argumentos:
“De sabios es escuchar, no a mi, sino a mi Palabra, y confesar que
todas las cosas son una”... “Aunque esta Palabra es verdad eternamente,
todavía el hombre es incapaz de comprenderla cuando la escucha por
primera vez”... “Aunque todas las cosas llegan a pasar según esta palabra,
el hombre parece que no tuviera experiencia en ella, cuando hacen juicios
de palabras y escritura como yo hago, dividen cada cosa según su clase y
muestran fielmente lo que es”... “Pero otros hombres no saben lo que
hacen cuando despiertan y olvidan que estaban dormidos”... “Locos
cuando escuchan como los sordos; de ellos se dice son testigos por que
están ausentes cuando están presentes”... “Los ojos y los oídos son malos
testigos para los hombres si tienen almas que comprenden su lenguaje”...
¿Qué quieren decir estas palabras?. En griego palabra se dice “logos” y de
ella deriva la lógica. A pesar de su apariencia mística, el comentario de
Heráclito es un llamamiento a la objetividad racional. No me escuchen a mí,
dice Heráclito, sino a las leyes objetivas de la naturaleza que él describe. Este es
el significado esencial: Y “¿todas las cosas son una?”. En la historia de la
filosofía hay dos formas de interpretar la realidad: como una única sustancia
que se expresa de formas diferentes (monismo, de la palabra griega que
significa simple); o como dos sustancias totalmente diferentes, espíritu y
materia (conocido como dualismo). Los primeros filósofos griegos eran
materialistas monistas. Posteriormente, los pitagóricos adoptaron el dualismo,
que supuestamente se basaba en la existencia de un abismo insalvable entre la
mente (el espíritu) y la materia. Este es el sello de todo idealismo y hunde sus
raíces en las supersticiones primitivas de los salvajes que creían que durante el
sueño el alma abandonaba el cuerpo.
El pasaje de arriba es una polémica contra el dualismo filosófico de los
pitagóricos, Heráclito defendía la visión del antiguo monismo jonio ⎯existe
una unidad material subyacente a la naturaleza⎯. El universo no se creó,
siempre ha existido, a través de un continuo proceso de flujo y cambio, a través
de él las cosas se transforman en su contrario, la causa se convierte en efecto y el
efecto en causa. La contradicción es la base de todo. Para alcanzar la verdad es
necesario ir más allá de las apariencias y tener en cuenta las tendencias
contradictorias internas de un fenómeno concreto y así poder comprender sus
fuerzas motrices internas.
La inteligencia común, por su parte, se conforma con la realidad que le
muestra el sentido de percepción y acepta los “hechos” sin más. Pero esta
percepción, en el mejor de los casos, es limitada y puede ser una fuente de
interminables errores. Por ejemplo, “para el ‘sentido común’ el mundo es plano
y el sol gira alrededor de la tierra. La verdadera naturaleza de las cosas no
siempre es evidente. Como señala Heráclito “a la naturaleza le gusta ocultarse”.
Para alcanzar la verdad es necesario saber como interpretar la información que
llega a nuestros sentidos. “Si no esperas lo inesperado no lo encontrarás”. “Los
que buscan oro para encontrar un poco tendrán que remover mucha arena”.
La filosofía de Heráclito se basa en la idea de que “todo fluye”. “No
puedes pasar dos veces el mismo río; sus aguas frescas están pasando siempre
ante tí”. Esta visión del universo era dinámica, todo lo contrario a la concepción
idealista y estática de los pitagóricos. Heráclito busca la sustancia material que
sustenta el universo, sigue los pasos de Tales y Anaxímenes y elige el elemento
más fugaz y esquivo, el fuego.
Para la mente común es difícil aceptar que todo se encuentra en un estado
de constante flujo, que no hay nada fijo y permanente, excepto, el movimiento y
el cambio. El pensamiento humano, en general, es innatamente conservador. El
deseo de asirse a algo sólido, concreto y seguro se encuentra arraigado en un
instinto profundo, similar al instinto de conservación. La esperanza de
encontrar una vida después de la muerte, la creencia en un alma inmortal, es
fruto del rechazo a creer que todas las cosas tienen un: “panda rhei” (todo
fluye). El hombre, tercamente, busca alcanzar la libertad negando las leyes de la
naturaleza, inventándose privilegios imaginarios. La verdadera libertad -como
explicó Hegel-, consiste en la comprensión correcta de estas leyes y actuar en
consecuencia. La gran aportación de Heráclito fue que por primera vez elaboró
una perspectiva dialéctica del mundo.
La filosofía de Heráclito, incluso en vida, fue recibida con gran
incredulidad y hostilidad. Heráclito cambió la concepción, no sólo de la religión
y de la tradición, también de la mentalidad y el “sentido común” que no ve más
allá de sus narices. En los 2.500 años siguientes, se ha intentado refutarla una y
otra vez:
“La ciencia como la filosofía, ha intentado evadirse de la doctrina del
flujo perpetuo, encontrando un substrato permanente en medio de los
fenómenos cambiantes. La química parecía cumplir este deseo. Se vio que
el fuego, aparentemente destructor, solamente transforma: los elementos
se combinan nuevamente, pero cada átomo que existía antes de la
combustión existe aún cuando el proceso se realiza. Por consiguiente, se
supuso que los átomos eran indestructibles y que todo cambio en el
mundo físico consiste meramente en una nueva disposición de elementos
persistentes. Esta idea predominó hasta que el descubrimiento de la
radiactividad hizo ver que los átomos podían desintegrarse.
Sin darse por vencidos, los físicos inventaron unidades nuevas, más
pequeñas, llamadas electrones y protones, de los cuales se componen los
átomos, y durante años se supuso que estas unidades poseían la
indestructibilidad antes atribuida a los átomos. Desgraciadamente, parecía
que los protones y electrones podían chocar y estallar, formando no una
sustancia nueva sino una onda de energía que se extiende por el universo
con la velocidad de la luz. La energía tenía que sustituir a la sustancia
respecto a la permanencia. Pero la energía distinta a la sustancia, no
representa el refinamiento de la noción vulgar de una cosa, es meramente
una característica de procesos físicos. Puede arbitrariamente identificarse
con el fuego de Heráclito, pero se trata de la acción de arder, no de la que
arde. “Lo que arde” ha desaparecido en la física moderna.
Pasando de lo pequeño a lo grande, la astronomía ya no admite que
se consideren los astros como duraderos. Los planetas proceden del Sol y
el Sol de una nebulosa. Ha durado y durará aún más, pero más pronto o
más tarde, probablemente dentro de un millón de millones de años,
estallará, destruyendo todos los planetas. Por lo menos así lo afirman los
astrónomos. Acaso, mientras se acerca el día fatal, encontrarán algún error
en sus cálculos”. (B. Russell. Op. Cit. p. 84-85)
No hay comentarios:
Publicar un comentario