El nacimiento de la filosofía
La filosofía occidental nació bajo el cielo azul del Egeo. Los siglos VII y
VIII a. C. fueron años agitados y de rápida expansión económica del
Mediterráneo oriental. Los griegos de las islas Jonias que residían en la costa de
Turquía, mantenían una próspera relación comercial con Egipto, Babilonia y
Lidia. El dinero ⎯una invención lidia⎯, fue introducido en Europa a través del
Egeo, aproximadamente en el 625 a. C., y estimuló enormemente el comercio y
como consecuencia, mientras unos acumulaban grandes riquezas, otros, sólo
obtenían miseria y esclavitud.
Los primeros filósofos griegos representan el verdadero punto de partida
de la filosofía. El primer intento de luchar y liberarse de los antiguos límites de
la superstición y el mito, de prescindir de dioses y divinidades, por primera vez
el ser humano se enfrentaba cara a cara con la naturaleza.
La revolución económica provocó nuevas contradicciones sociales. El
colapso de la vieja sociedad patriarcal provocó el choque entre ricos y pobres.
La vieja aristocracia se enfrentó al descontento de las masas y a la oposición de
los tiranos, a menudo, eran los propios nobles disidentes siempre dispuestos a
ponerse a la cabeza de las insurrecciones populares. Fue un período de gran
inestabilidad, en el que hombres y mujeres empezaron a poner en tela de juicio
las viejas creencias.
El siguiente pasaje describe la situación en Atenas en aquella época:
“En los años malos (los campesinos) tenían que pedir prestado a sus
ricos vecinos; con la aparición del dinero en vez de pedir prestado un saco
de grano, al viejo estilo de buena vecindad, tenían que pedir prestado el
grano necesario antes de la cosecha, cuando aún estaba barato, sino
tendrían que pagar elevados intereses, lo que provocó una gran
indignación en Megara. En el año 600, mientras los ricos exportaban a los
mercados del Egeo o Corinto, los pobres permanecían hambrientos.
Muchos, demasiados, perdían su tierra o se empeñaban como prenda de
sus deudas, e incluso perdían su libertad; al acreedor, como último recurso
ante al deudor insolvente le quedaba la posibilidad de entregarse él y su
familia como esclavos... La ley era muy severa, era la ley del rico”. (A. R.
Burn; The Pelican History of Greece, p. 119).
Draco recopiló estas leyes en un código, de ahí procede la expresión
“condiciones draconianas”.
El siglo VI a. C. fue un período turbulento y también el del declive de las
repúblicas Jonias de Asia Menor, un siglo caracterizado por la crisis social y por
una feroz lucha de clases entre ricos y pobres, entre dominadores y esclavos.
“En Mileto”, escribe Rostovtzeff, “el pueblo resultó primero victorioso,
asesinando a las esposas e hijos de los aristócratas; después dominaron los
aristócratas que quemaron vivos a sus enemigos y alumbraron las plazas de la
ciudad con antorchas vivientes”. (Citado por Bertrand Russel, Historia de la
filosofía occidental. Madrid. Editorial Espasa, 1997. p. 62).
En aquella época, estas condiciones sociales eran las normales en la
mayoría de las ciudades griegas de Asia Menor. Los héroes de esa época nada
tenían en común con la idea posterior del filósofo, aislado del resto de la
humanidad en su torre de marfil. Estos “hombres sabios” no eran sólo
pensadores, eran escritores, no sólo eran teóricos, eran también hombres
prácticos. Del primero de ellos, Tales de Mileto (640-546 a. C.), no sabemos
prácticamente nada, salvo que fue al final de su vida cuando se aproximó a la
filosofía, se dedicó al comercio, a la ingeniería, a la geometría y a la astronomía
(se dice que predijo un eclipse, que según los astrónomos ocurrió en el año 585
a. C.).
No se puede negar que los primeros filósofos griegos eran materialistas.
Dieron la espalda a la mitología, se dedicaron a buscar el principio general del
funcionamiento de la naturaleza, a partir de la observación de la propia
naturaleza. Los griegos posteriores les llamaron hilozoístas, que se podría
traducir por: los que piensan que la materia está animada. Esta concepción de la
materia en movimiento es sorprendentemente moderna y muy superior a la
concepción de los físicos mecanicistas del siglo XVIII. Debido a la ausencia de
modernos instrumentos científicos, con frecuencia sus teorías tuvieron el
carácter de inspiradas conjeturas. A pesar de todo, teniendo en cuenta la
ausencia de recursos, es realmente asombroso lo que llegaron a aproximarse a
la comprensión del auténtico funcionamiento de la naturaleza. El filósofo
Anaximandro (610-545 a. C.), afirmó que tanto el hombre como el resto de los
demás animales habían evolucionado de un pez que abandonó el agua para
salir a la tierra.
Sería un error pensar que estos filósofos eran religiosos porque utilizasen
la palabra “dios” (theos) para referirse a la sustancia primaria. J. Burnet dice
que esta palabra era similar a los antiguos epítetos homéricos: “eterno”,
“inmortal”, etc. Incluso Homero, utiliza la palabra en diferentes sentidos. Desde
Hesiodo a la teogenia está claro que muchos de los “dioses” nunca fueron
adorados, eran meras personificaciones apropiadas para los fenómenos
naturales o incluso para las pasiones humanas. Las religiones primitivas
miraban al cielo como algo divino y lo separaban de la tierra. Los filósofos
jonios rompieron radicalmente con esta concepción. Se basaron en la multitud
de descubrimientos de la cosmología babilónica y egipcia, rechazaron el
elemento mítico que confundía la astronomía con la astrología.
La tendencia general de la filosofía griega antes de Sócrates era la
búsqueda de los principios fundamentales de la naturaleza:
“La naturaleza es lo que está más cerca de nosotros, se encuentra más
cerca del ojo, es lo más palpable, es lo que primero que atrae el espíritu de
investigación. En sus distintas formas, en su multiplicidad, el pensamiento
debe encontrar el inicio de un principio fundamental permanente. ¿Cuál
es este principio? ¿Cuál es exactamente el elemento básico natural?”.
(Schwgler, History of Philosophy. En la edición inglesa).
Los filósofos dieron explicaciones diferentes a esta cuestión. Por ejemplo,
Tales sostenía que la base de todas las cosas era el agua, esta afirmación fue un
gran paso adelante del pensamiento humano. Ya hacía tiempo que los
babilonios anticiparon la idea de que todas las cosas procedían del agua. Su
mito de la creación fue el modelo que siguió la historia de la creación hebrea del
primer libro del Génesis. “Todas las tierras eran mar hasta que Marduk, el
creador babilonio, separó la tierra del mar”. La diferencia es que no hay
Marduk, ni creador divino externo a la naturaleza, por primera vez se explica la
naturaleza en términos puramente materialistas, es decir, en términos de la
propia naturaleza.
La idea de la naturaleza reducida al agua no es tan inverosímil como
podría parecer. Aparte de que la gran mayoría de la superficie de la tierra está
formada por agua, los jonios se dieron cuenta que el agua es algo esencial para
todas las formas de vida. La mayor parte del volumen de nuestro cuerpo es
agua, moriríamos rápidamente si nos privamos de ella. Además el agua cambia
de forma, pasa de líquido a sólido o vapor.
“No es difícil suponer que los fenómenos meteorológicos influyeron
en Tales a la hora de formular sus teorías. De todas las cosas que
conocemos, el agua es la que parece tener las formas más variadas. Nos
son familiares sus formas, sólido, líquido y vapor. Tales pudo haberse
dado cuenta de ello observando como ante sus ojos el agua regresaba de
nuevo al agua. La evaporación sugiere de manera natural que el fuego de
los cuerpos celestiales se conserva gracias a la humedad que extraen del
mar. El agua cae de nuevo en forma de lluvia, y al final, como pensaban
los primeros cosmólogos, regresa a la tierra. Este proceso era algo natural
para aquellos hombres familiarizados con los ríos de Egipto que formaban
el Delta, y los torrentes de Asia Menor que bajaban por los largos
depósitos aluviales”. (O. J. Burnet; Los primeros filósofos griegos).
Anaximandro
A Tales le siguieron otros filósofos que postularon diferentes teorías sobre
la estructura básica de la materia. Anaximandro nació en Samos, donde vivió
también el famoso Pitágoras. Dicen que escribió sobre la naturaleza, las estrellas
fijas, la esfera de la tierra y otros temas. Elaboró algo parecido a un mapa que
mostraba el límite de la tierra y el mar, creó varias inventos matemáticos,
incluyendo un cuadrante solar y una carta de navegación astronómica.
Al igual que Tales, Anaximandro consideraba que la naturaleza era real.
De igual manera se aproximó al tema desde un punto de vista estrictamente
materialista, sin recurrir a los dioses o cualquier otro elemento sobrenatural.
Pero a diferencia de su contemporáneo, Tales no encontró la respuesta en una
forma concreta de materia como el agua. Según relata Diógenes, “Recurrió al
Infinito (lo indeterminado) como elemento principal; no lo concretaba en el
agua u otra materia”. (Hegel. Filosofía de la Historia, Vol. I). “Es el principio de
todo, transformándose continuamente; a través de mundos infinitos o dioses
que salen de él y que al mismo tiempo desaparecen”. (Ibíd.).
Estas idean situaron por primera vez el estudio del universo en el camino
de la ciencia, permitió a los primeros filósofos griegos hacer descubrimientos
excepcionales, muy avanzados para su tiempo. Primero descubrieron que el
mundo era redondo y que no descansaba sobre nada, la tierra no era el centro
del universo y giraba junto a los otros planetas alrededor del centro. De acuerdo
con otro contemporáneo, Hipólito, Anaximandro pensaba que la tierra se movía
libremente y nada la podía detener porque era equidistante a todo, tenía forma
redonda y era hueca como una columna, así unos nos encontramos en una cara
de la tierra mientras los demás están en la otra. También descubrió la teoría de
los eclipses lunar y solar.
Con todas sus carencias y deficiencias, estas ideas representaban una
concepción audaz de la naturaleza y el universo, sorprendente y original, más
cerca de la realidad que el ciego misticismo de la Edad Media, un período en el
que de nuevo, el pensamiento humano caería aprisionado bajo el dogma
religioso. Estos importantes avances no fueron sólo resultado de sus conjeturas,
fueron también consecuencia del pensamiento, la investigación y la
experimentación minuciosa. Dos mil años antes que Darwin, Anaximandro se
adelantó a la teoría de la evolución gracias a sus sorprendentes descubrimientos
en biología marina. El historiador A. E. Burn cree que esto no fue accidental,
sino el resultado de la investigación científica. “Hicieron observaciones de
embriones y también de fósiles, como hicieron algunos de sus sucesores,
aunque no podemos afirmarlo con certeza”. (A. R. Burn, The Pelican History of
Greece).
Anaximandro revolucionó el pensamiento humano. En lugar de limitarse
a una forma concreta de la materia se ocupó del concepto de materia en general,
como si se tratara de un concepto filosófico. Esta sustancia universal es eterna e
infinita que se encuentra en constante evolución y cambio. Toda la miríada de
formas de seres distintos que percibimos a través de nuestros sentidos, son
diferentes expresiones de la misma sustancia básica. Esta idea era tan insólita
que para muchos resultaba incomprensible. Plutarco se quejó de que
Anaximandro no concretó si uno de los elementos de su infinito era agua, tierra,
aire o fuego. Pero precisamente este carácter de la teoría fue lo que hizo época.
Anaxímenes
El último del gran trío de materialistas jonios fue Anaxímenes (585-528 a.
C.). Se dice que nació cuando Tales “florecía” y “floreció” cuando Tales moría.
Más joven que Anaximandro, a diferencia de este último e igual que Tales,
tomó un solo elemento ⎯el aire⎯ como la sustancia absoluta, de la que todo
procedía y a la que todo se reducía. El uso de la palabra “aire” (aer) por
Anaxímenes, difiere sustancialmente del uso moderno de la palabra.
Anaxímenes incluía el vapor, la bruma e incluso la oscuridad. Muchos
traductores prefieren utilizar la palabra “bruma”.
A primera vista esta idea podría parecer un paso atrás en comparación con
la concepción general de la materia propuesta por Anaximandro, pero su visión
de la materia dio un paso adelante más.
Anaxímenes intentó demostrar que el “aire” era la sustancia universal que
se transformaba mediante un proceso al que denominó enrarificación o
condensación. Cuando el aire se enrarece se convierte en fuego y cuando se
condensa se convierte en viento. Una nueva condensación producirá las nubes,
la tierra y las piedras. Si comparamos su concepción del universo con la de
Anaximandro, ésta es inferior (por ejemplo pensaba que el mundo tenía forma
de tabla), sin embargo su filosofía representaba un paso adelante por que
intentaba ir más allá de la afirmación general de la naturaleza de la materia.
Intentó dar una determinación más precisa, no sólo cualitativa, también
cuantitativamente, a través del proceso de enrarificación y condensación:
“Observad esta sucesión de pensadores, con su lógica, el aluvión de
ideas, el poder de abstracción, la forma en que se enfrentan a los
problemas. Cuando Tales redujo las distintas apariencias de las cosas a un
Primer Principio, fue un gran paso adelante en el pensamiento humano.
Otro gran avance fue la elección de Anaximandro, no eligió como Primer
Principio una forma visible como el agua, eligió un concepto: lo
Indeterminado. Pero esta teoría no satisfacía a Anaxímenes. Anaximandro
para explicar la forma en que emergían todas las cosas a partir de lo
Indeterminado, utilizó una sencilla metáfora. Se trataba de un proceso de
‘clasificación’. Anaxímenes creía que era necesario algo más y fue más allá
con las ideas complementarias de enrarificación y condensación, porque
éstas podían explicar la transformación de los cambios cuantitativos en
cambios cualitativos”. (B. Farrington, op. cit. p. 39).
Debido al nivel tecnológico de la época era imposible para Anaxímenes
caracterizar con más precisión el fenómeno en cuestión. Es fácil señalar ahora
los fallos e incluso los puntos absurdos de sus ideas, pero hacerlo sería un error.
No se puede culpar a los primeros filósofos griegos de no esbozar con más
detalle el mundo, para ello hubo que esperar dos mil años y todo gracias al
avance económico, tecnológico y científico. Estos grandes pioneros del
pensamiento humano prestaron un servicio inestimable a la humanidad, la
permitieron escapar de las antiguas costumbres de la superstición religiosa y de
esta forma, crear las bases sin las que habría sido impensable todo el avance
científico y cultural de la humanidad.
La visión general del universo y la naturaleza, elaborada por estos grandes
y revolucionarios pensadores, en muchos aspectos se acercaban a la realidad. El
problema residía en que debido al nivel de desarrollo de la producción y la
tecnología, no tenían los medios necesarios para demostrar sus hipótesis y
dotarlas de una base sólida. Se adelantaron a muchas cosas que sólo la pudo
demostrar la ciencia moderna, porque requerían un mayor desarrollo de la
ciencia y la técnica. Para Anaxímenes el “aire”, es sólo la taquigrafía de la
materia, su forma más simple y básica. Como señala Erwin Schrsdinger, uno de
los fundadores de la física moderna: “El dijo que había conseguido disociar el
gas hidrógeno y no estaría muy alejado de nuestra visión actual”. (A. R. Burn,
p. 131).
Los primeros filósofos jonios de la naturaleza con total seguridad llegaron
tan lejos como pudieron en su explicación del funcionamiento de la naturaleza,
y lo hicieron a través de la razón especulativa. Hicieron grandes
generalizaciones, encaminadas en la dirección correcta. Pero para seguir
avanzando era necesario examinar las cosas con mas detalle, analizar la
naturaleza trozo a trozo. Aristóteles y los pensadores griegos alejandrinos lo
hicieron más tarde. Una parte importante de su tarea fue considerar la
naturaleza desde un punto de vista cuantitativo, y aquí, los filósofos Pitagóricos
jugaron sin duda un papel decisivo.
Anaxímenes ya se había encaminado en esta dirección, intentó explicar la
relación entre los cambios de cantidad a calidad en el seno de la naturaleza
(enrarificación y condensación). Pero este método ya había alcanzado y agotado
sus límites:
“El triunfo de la escuela Jónica original consistió en que llegó a trazar
un cuadro de cómo había llegado a existir el universo y, de su
funcionamiento, sin la intervención de los dioses o el destino. Su debilidad
básica fue su vaguedad y carácter puramente descriptivo y cualitativo. No
podía conducir por sí mismo a ninguna parte ni podía hacerse con él nada
concreto. Para ello era necesario la introducción del número y la
cantidad”. (J. D. Bernal. Historia Social de la Ciencia. Barcelona. Ediciones
península, 1989. p. 149).
Del materialismo al idealismo
El período de auge de la antigua filosofía griega se caracterizó por una
profunda crisis en la sociedad, y se destacó por el cuestionamiento general de
las antiguas creencias, incluida la religión. La crisis de las creencias religiosas
provocó el auge de las tendencias ateas, y el surgimiento de un punto de vista
genuinamente científico basado en el materialismo. Sin embargo, como siempre
ocurre en la sociedad, el proceso tuvo un carácter contradictorio. Junto a las
tendencias racionalistas y científicas coexistía la tendencia contraria, una
tendencia hacia el misticismo y la irracionalidad. En los tiempos de crisis de la
sociedad romana ocurrió un fenómeno similar, durante el último período de la
República se diseminaron rápidamente las religiones orientales, y una entre
muchas fue el cristianismo.
Las masas de campesinos y esclavos vivían tiempos de crisis social y los
dioses del Olimpo parecían algo lejanos. Esta era una religión para las clases
superiores. En la otra vida no existía perspectiva de una recompensa futura al
sufrimiento terrenal. El inframundo griego era un lugar triste, habitado por
almas muertas. Los nuevos cultos, con su mimético baile y su canción coral (el
origen real de la tragedia griega), sus misterios (el verbo “myo” significaba
mantener la boca cerrada), la promesa de vida después de la muerte, todo esto
era más atractivo para las masas. El culto a Dionisio era muy popular, era el
dios del vino (Baco para los romanos) y su culto incluía orgías de bebida,
evidentemente resultaba más atractivo que los antiguos dioses de Olimpia.
Como ocurrió en el período de declive del Imperio Romano, y como
ocurre en el período actual de declive capitalista, se extendieron todo tipo de
cultos misteriosos, mezclados con los nuevos ritos exóticos importados de
Tracia, Asia Menor y probablemente de Egipto. El culto a Orfeo adquirió
bastante importancia, era un culto más sofisticado que Dionisio, con muchos
puntos en común con el movimiento pitagórico, ambos creían en la
transmigración de las almas. Tenían ritos de purificación, incluyendo el ayuno
excepto para propósitos sacramentales. Su visión del hombre era dualista: “el
desdoblamiento del cuerpo y del alma”, creían que el hombre se dividía en
cielo y tierra.
Estas ideas eran tan similares a las doctrinas pitagóricas que algunos
autores como Bury, mantienen que los pitagóricos en realidad eran una rama
del movimiento órfico. Sin duda es una exageración. A pesar de sus elementos
místicos, la escuela pitagórica contribuyó de manera importante al desarrollo
del pensamiento humano, en especial a las matemáticas. No se puede descartar
que fueran una secta religiosa, sin embargo, es imposible oponerse a la
conclusión de que las concepciones idealistas del pitagorismo no son sólo eco
de una perspectiva religiosa del mundo, sino que son consecuencia de ella.
Bertrand Russell esboza el desarrollo del idealismo y respalda el misticismo de
la religión órfica.
“El pitagorismo fue un movimiento de reforma dentro del orfismo, el
orfismo a su vez, una reforma de la adoración a Dionisio. Los elementos
órficos de Pitágoras entraron en la filosofía de Platón, y después de Platón
entraron en la filosofía con un grado religioso”. (B. Russell. Op. Cit.).
La división entre el trabajo mental y manual alcanza su extrema expresión
con la extensión de la esclavitud. Este fenómeno estaba relacionado
directamente con la expansión del orfismo. La esclavitud es una forma extrema
de alienación, bajo el capitalismo, el trabajador “libre” se aliena de su fuerza de
trabajo, y ante él existía una fuerza separada y hostil ⎯el Capital⎯. Sin
embargo, en la esclavitud el esclavo pierde su propia existencia como ser
humano. No es nada, no es persona, sólo una “herramienta sin voz”. El
producto de su trabajo, cuerpo, mente y alma son propiedad de otro que
dispone de él sin tener en cuenta sus deseos. Los deseos insatisfechos del
esclavo, su extrema alienación del mundo y de él mismo, hacen que aparezca
un sentimiento de rechazo hacia el mundo y todos sus mecanismos. El mundo
material es malo. La vida es un valle de lágrimas, la felicidad y la liberación del
duro trabajo sólo se encuentran en la muerte. El alma se libera de su prisión
corporal y se libera.
En todos los períodos de declive social, los hombres y las mujeres tienen
dos opciones: se enfrentan a la realidad y luchan por transformarla o aceptan
que no hay salida y se resignan ante su destino. Estas dos perspectivas
contrapuestas son el reflejo inevitable de dos filosofías antagónicas: el
materialismo y el idealismo. Si deseamos cambiar el mundo, es necesario
comprenderlo. Debemos mirar a la realidad, el alegre optimismo de los
primeros materialistas griegos era característico de esta visión del mundo.
Primero querían conocer para después transformarlo todo. La ruptura del viejo
orden, el surgimiento de la esclavitud y un sentido general de inseguridad
llevaron al pesimismo y la introversión. Ante la ausencia de una alternativa
clara, ganó terreno la tendencia a buscar una salida fuera de la realidad y a
buscar la salvación individual en el misticismo. Las clases más bajas fijaron la
vista en los cultos misteriosos, Demeter, dios del trigo, Dionisio, dios del vino, y
más tarde el culto a Orfeo. Las clases superiores tampoco eran inmunes a los
problemas de la época. Eran períodos agitados, las ciudades prósperas se
podían ver reducidas a cenizas de la noche a la mañana y sus ciudadanos
asesinados o vendidos como esclavos.
La ciudad de Síbaris era una poderosa rival comercial de Crotona y era
reconocida por su lujo y abundancia. Las clases más altas poseían tanta riqueza
que se narraban todo tipo grandes historias sobre el estilo de vida de los
“sibaritas”. Un ejemplo típico era aquel joven sibarita que al acostarse se quejó
por que un pétalo de rosa le arrugaba la cama. Se decía que conducían el vino
desde el muelle a través de cañerías. Dejando a un lado el elemento de
exageración, está claro que era una ciudad muy próspera donde los ricos vivían
una vida de gran lujo. Sin embargo, el aumento de las desigualdades sociales
provocó una feroz lucha de clases.
Fue un período en el que se intensificó enormemente la división del
trabajo, acompañada por el rápido crecimiento de la esclavitud y el abismo cada
vez mayor entre ricos y pobres. Los barrios industriales y residenciales estaban
separados. Pero los altos muros y los guardas no salvaron a los ricos
ciudadanos de Síbaris. Como en otras ciudades-estado, estalló una revolución,
el “tirano” Telys, llegó al poder con el apoyo de las masas. Esto daría a Crotona
la excusa para declarar la guerra a su rival, en un momento en que ésta se
encontraba debilitada por las divisiones internas, después de setenta días de
campañas la ciudad cayó en sus manos. “La destruyeron totalmente, cambiando
el curso del río, mientras los supervivientes se dispersaban, en su mayor parte
hacia la costa oriental. La barbarie de esta guerra es más fácil comprenderla
cuando se ve como una guerra de clases”. (A. R. Burn. Op. cit.).
Es en este contexto, donde debemos situar el ascenso de la escuela
pitagórica de filosofía. Como en el período de declive del Imperio Romano, un
sector de la clase dominante era presa de un sentimiento de ansiedad, temor y
perplejidad. Los antiguos dioses no ofrecían consuelo o esperanza de
distribución, tanto al rico como al pobre. Incluso las cosas buenas de la vida
perdían parte de su atractivo para los hombres y mujeres que se veían sentados
al borde del abismo. En estas condiciones de inseguridad general, donde los
estados más fuertes y prósperos podían caer derrocados en un breve espacio de
tiempo, las doctrinas de Pitágoras sintonizaron con un sector de la clase
dominante, a pesar de su carácter ascético o quizá debido al mismo. La
naturaleza esotérica o intelectual de este movimiento no tenía atractivo para las
masas que seguían ampliamente el culto Orfico.
La escuela de Pitágoras
Es más acertado hablar de la escuela antes que de su fundador, por que es
difícil desenmarañar la filosofía de Pitágoras de los mitos y oscurantismo de sus
seguidores. No han perdurado fragmentos escritos por él, incluso se duda de la
propia existencia de Pitágoras. A pesar de todo su escuela caló profundamente
en el pensamiento griego.
Se dice que Pitágoras era originario de la isla de Samos, una próspera
potencia comercial similar a Miletos. Polícrates, su dictador local (“tirano”),
derrocó a la aristocracia agrícola y gobernaba con el apoyo de la clase comercial.
El historiador Herodotos decía de él que robaba indiscriminadamente a todos
los hombres y que sus amigos le estaban muy agradecido si les devolvía la
propiedad que les había robado. Parece ser que en su juventud Pitágoras trabajó
como un Ohilo-Sophos (amante de la sabiduría) bajo el mecenazgo de
Polícrates. Viajó a Egipto, donde parece ser se inició en una casta sacerdotal
egipcia. En el año 530 a. C., huyó a Crotona, en el sur de Italia, para escapar de
la lucha civil y la amenaza de los persas en Jonia.
La exuberancia del mito y la fábula hacen casi imposible decir con certeza
algo sobre el hombre. Su escuela fue una extraordinaria mezcla de investigación
matemática y científica, y de secta religioso-monástica. La comunidad se regía
con normas monásticas, con estrictas reglas que incluían entre otras cosas no
comer alubias; no recoger lo que se había caído; no remover el fuego con hierro;
no pasar sobre un travesaño, etc., La meta era escapar del mundo, buscar la
salvación en una vida pacífica dedicada a la contemplación basada en las
matemáticas, a éstas últimas los pitagóricos las atribuían cualidades místicas.
Probablemente tuviesen influencias orientales ya que los pitagóricos también
creían en la transmigración de las almas.
En contraste con la alegre mundanería de los materialistas jonios, en los
pitagóricos encontramos todos los elementos de la visión idealista del mundo
que posteriormente desarrolló Platón, posteriormente apropiada por la
Cristiandad y que paralizó durante muchos siglos el desarrollo del espíritu de
investigación científica. El espíritu de esta ideología lo expresa acertadamente
B. Russell:
“Somos extraños en este mundo, el cuerpo es la tumba del alma, y
sin embargo, no debemos intentar escaparnos por el suicidio: porque
somos rebaño de Dios que es nuestro pastor, y sin su mandato no tenemos
derecho a desaparecer. En esta vida, hay tres clases de hombres, lo mismo
que hay tres clases de personas que van a los Juegos Olímpicos. La más
baja es la que va a comprar y vender, la segunda la que va a tomar parte
de la competencia. Pero los mejores son los que solamente van a
contemplar. La mas grande purificación es por tanto la ciencia
desinteresada, y el hombre que se dedica a ella, el verdadero filósofo, el
que se libera más eficazmente de la “rueda del nacimiento”. (Russell, op.
Cit. P. 70).
Esta filosofía, con sus fuertes tonos elitistas y monásticos, tuvo mucho
influencia entre las clases ricas de Crotona, aunque no renunciaron a comer
alubias u otras cosas. El hilo común es la separación radical del alma y el
cuerpo. Esta idea hunde sus raíces en una concepción prehistórica del lugar que
ocupa el hombre en la naturaleza, y a lo largo de la historia ha presentado
diferentes formas. Volvió a resurgir en uno los tratados hipocráticos:
“Cuando el cuerpo está despierto, el alma no es su propia señora,
sino que sirve al cuerpo, su atención se divide entre los diferentes sentidos
corporales, ‘vista, oído, tacto, despertar y todas las acciones corporales’,
que privan a la mente de su independencia. Pero cuando el cuerpo está en
reposo, el alma despierta, se agita y mantiene su propia casa y realiza por
sí misma todas las actividades del cuerpo. En el sueño, el cuerpo no siente,
pero el alma despierta sabe todo, ve lo que tiene que ser visto, oye lo que
tiene que ser oído, anda, toca, se aflige, recuerda, en una palabra, todas las
funciones del cuerpo y del alma, del mismo modo que el alma las
interpreta en el sueño. Por lo tanto, aquel que sabe interpretarlo es muy
sabio”.
En contraste con los filósofos materialistas jonios que volvieron la espalda,
deliberadamente, a la religión y la mitología, los pitagóricos tomaron la idea del
misterioso culto órfico, éste creía que el alma podría liberarse del cuerpo a
través del “éxtasis” (la palabra ektasis significa “apartarse”). Sólo cuando el
alma deja la prisión corporal puede expresar su verdadera naturaleza. La
muerte era vida y la vida era muerte. Desde su principio el idealismo filosófico,
junto con su gemela, la religión, representó una retroversión de la verdadera
relación entre el pensamiento y el ser, el hombre y la naturaleza, las personas y
las cosas, retroversión que ha persistido hasta la actualidad, de una forma u
otra, con resultados muy perniciosos.
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